“Si las abejas comenzaran a desaparecer,
a la humanidad le quedaría pocos años de vida”.
Albert Einstein

--¿Te han picado alguna vez las abejas?
--Si, le respondí. Una vez en Barrancabermeja, cuando atravesaba una calle a tres cuadras de mi casa. Fue terrible sentir las abejas metiéndose por mis orejas y por mi nariz y el dolor de sus picaduras en mi cabeza; abrir los ojos, verlas tan cerca, sacudir los brazos y escuchar su zumbido y no liberarse de ellas y seguir sintiendo otra, otra y otra picadura… Recuerdo que pasé la calle sin mirar los vehículos que frenaron para no atropellarme. Corrí con desespero hasta llegar a mi casa. Fue una pesadilla que duro pocos minutos.

Al escucharme, Alfonso se aseguró de que yo no fuera alérgico a la picadura de abejas. --Una sola picadura puede ser mortal-- dijo con preocupación. - No podemos correr el riesgo de tener una emergencia. Estaremos muy lejos y ya he tenido esa desagradable experiencia. Mañana te dedicarás a echar humo. Serán 10 horas de trabajo. Hoy yo me dedicaré a arreglar tu ropa para el trabajo. Iremos arriba de La Calera. Te recojo a las ocho de la mañana -. Alfonso se despidió con amabilidad.

El zumbido del colmenar, ese ir y venir de las abejas, estremece como el piano del flamenco. La velocidad del aleteo no se ve, es un embeleso. La sensación de una picadura mortal invoca temor en el umbral del pánico. La delicada dulzura de su fruto y la amenaza de su aguijón son combinaciones del bien y el mal, como todo en la vida, luz y sombra, noche y día. En la abeja se complementa la ternura, magia y sabiduría. Ella camina entre las flores y la belleza, se nutre de lo sublime, perfecto y puro del amor que fecunda naturaleza y vida. La abeja permite el cambio, la consolidación de la especie; permite el milagro de resistencia en el tiempo. Las abejas son fuerza, poder, productividad y creación divina. Algunos científicos señalan que estos son los insectos más importantes en la cadena alimenticia humana, ya que son los principales polinizadores de cientos de frutas, vegetales, flores y nueces.

“Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
en el fondo de ésta alma que ya no alegras,
entre polvo de ensueños y de ilusiones
brotan entumecidas mis flores negras.”

Las abejas enamoraron a Alfonso desde hace 34 años cuando un compañero de su padre lo invitó a manipular unas colmenas en la finca paterna cerca a Santandercito. Ellas son su vida, compañía y sustento. Él mide 1,84 mts de estatura, grueso, de ojos oscuros que se esconden tras sus anteojos, piel bronceada y sonrisa sincera. Algo pesimista y pragmático, bien informado. Su pelo canoso y su barba lo hacen ver de mayor edad de la que tiene en realidad, su estado físico es envidiable —La apicultura es la profesión más longeva-- dice con seriedad y añade: - Gracias a las picaduras, las personas que trabajan con abejas tienen su sistema inmunológico completamente alerta -. Es un hombre amable y culto. Estudió ingeniería industrial y ha tenido la oportunidad de viajar por Estados Unidos, Suramérica, Europa y Asia. Dejó su vida de gerente administrativo, oficinas, corbatas, trancones de ciudad y lo cambio desde hace 14 años por la naturaleza y tranquilidad de la vida del campo. Su vida transcurre entre las fincas de la sabana de Bogotá y Cundinamarca, cuidando sus colmenas, sacando miel, polen, jalea real, propóleo, cera y vendiendo sus productos. También es un invitado de lujo en los eventos que a nivel nacional desarrollan las agremiaciones de apicultores para brindar capacitación en el manejo y productividad de toda la industria de las abejas. Permanentemente difunde las bondades de los productos naturales de las abejas. Alfonso comenta: - Esta es una industria en donde se debe estudiar e investigar cada día -.

Alfonso es un visionario a la luz de analizar las realidades de sus abejas y prende las alarmas desde sus comunicados en internet tal como algunos escritores se han pronunciado al respecto, como por ejemplo la escritora norteamericana Rachel Carson en su libro Primavera Silenciosa, 1962, quien escribía lo que para muchos en ese entonces era algo fantasioso acerca de los peligros ocasionados por la contaminación ecológica que producían los pesticidas de la industria química. Ella fue acusada por el Estado de comunista (persona que se preocupa por la justicia social). En 2006 los editores de la revista Discover Magazine, consideraron a la Primavera Silenciosa, como uno de los 25 libros más influyentes en la categoría de divulgación científica. Los escritos de Alfonso tienen ese carácter analítico y visionario. Tiene un aire de incomprendido, quizás por lo aislado de su labor. La ignorancia de la gente común con relación a la importancia de las abejas lo sorprende. Le asombra ver como la reducción de abejas en el mundo no genera reflexiones económicas de urgencia para los gobiernos y sobre todo Colombia por lo que tiene que ver con la vulnerabilidad en el suministro de alimentos para toda la población y la calidad de alimentos que se consiguen en los supermercados.

En un texto publicado en internet Alfonso comentó: “Colombia depende del 90% del maíz que importa de Estados Unidos. ¿Qué pasaría, si hay una mala cosecha en los Estados Unidos de maíz, con las arepas de los hogares colombianos? En el momento de una mala cosecha en los Estados Unidos, provocada por ejemplo, por una falta de lluvias en el mes de Julio que coincidan con la estación de la polinización de las abejas, si esto sucediera, allí vendría la crisis. Por supuesto las reservas de maíz serán para el pueblo norteamericano y… el resto ¿Qué?“

“Ellas son mis dolores, capullos hechos
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan sus raíces cual los helechos,
en las húmedas grietas de las montañas,”

El frío se siente en la piel. Las colmenas están ubicadas en la zona rural de Chapinero, detrás de los cerros que vemos los bogotanos en esta zona de ciudad, en estos momentos es una reserva forestal. La carretera tiene tramos muy malos por el barro. Sin un vehículo de doble tracción el acceso sería imposible. El paisaje es hermoso, la tranquilidad que se siente en este lugar es felicidad del alma. Una sinfonía de mil tonos de verde decoran la bucólica mañana que amenaza lluvia. Bajamos del campero todas las herramientas necesarias para la faena apícola, primero encendimos el depósito para hacer humo, con madera, residuos del bagazo del café y algo de papel periódico, después soplar y soplar activando el fuelle de cuero que inyecta aire al depósito de las hojas que se ahumaran. Siempre se debe hacer humo a las abejas para neutralizar su furia natural para defender a sus crías. También llevamos dos tanques de cinco galones con alimento (jarabe con azúcar) para las abejas porque en época de invierno ellas no salen de su colmena. Este caso de alimentar a las abejas se da también, en los monocultivos, como por ejemplo la caña de azúcar o la palma africana, ya que las abejas no viven de un solo tipo de polen, ellas requieren el néctar de miles de pólenes de diversas flores para lograr sobrevivir. Después de organizar las herramientas nos ponemos el traje de gruesa lona, las botas, una gorra para la cabeza adicional de la mascara enmallada. Alfonso dice: —Se deben tapar todos los agujeros, ellas se cuelan por sitios imposibles -. Alfonso maneja con facilidad su traje de apicultor que le brinda protección. Yo me siento como un astronauta. Cuando se ponía su traje sintió un aguijón en su espalda. Me comentó que el aguijón penetra a través de la gruesa y permanece vivo varios días. Alfonso ha escrito acerca de la apiterapia, que es el tratamiento de enfermedades con base en los productos naturales que se obtienen del panal. Incluso la apitoxina, el veneno de la picadura de la abeja, tiene resultados excelentes en el tratamiento de varias condiciones de salud sobre todo en artritis.

“Ellas son mis gemidos y mis reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son por eso tan negras como las noches
de los gélidos polos... mis flores negras.” 

Su calma para manejar a más de cincuenta mil abejas por colmena es sorprendente, las sacude como si nada. ---Humo, humo en cantidades industriales--- me pide con su acento cachaco. Yo he superado el pánico de mi primera vez manipulando tan de cerca a las abejas al ver su tranquilidad y manejo profesional, el cual inspira seguridad. Las abejas vuelan con gran velocidad, tienen un arte natural para descubrir alimento a gran distancia -- ¿Cómo harán?-- se pregunta Alfonso. El territorio de alimento son quinientos metros a la redonda del panal aunque pueden llegar hasta dos kilómetros de distancia. Él Comenzó a retirar el polen de cada colmena el cual queda capturado en una malla. Es de un hermoso color anaranjado. Me dice que es un alimento natural que tiene endorfinas, es decir pone a la gente “bien”, “la tranquiliza” y además me comenta que el polen es un alimento perfecto porque tiene todas las vitaminas y minerales que una persona requiere—Para prevenir los problemas de la próstata es perfecto— dice con seguridad. En el nivel de altura de Bogotá no se recoge miel de las colmenas. Se recoge polen, la miel se recoge en climas más cálidos. Colombia es un gran productor mundial de polen. En el proceso de revisar las colmenas, vemos que algunas de ellas tienen menos individuos que otras.

---Se mueren las colmenas, las abejas se van-- comenta con cierta angustia. Alfonso me explica: - Las abejas no regresan a su panal y vuelan hasta morir no se sabe a donde porque no se encuentran sus restos mortales. Desaparecen en el misterio-. A mi se me viene a la mente la canción de Rubén Blades… “A donde van los desaparecidos… ¿Y por qué es que se desaparecen?”... - En caso de hallar alguna abeja muerta, en ella se encuentran todas las infecciones posibles que pueda tener un insecto. Su sistema inmunológico se enloquece y desata una catástrofe interior en cada abeja.
El periódico alemán, Der Spiegel plantea la posibilidad de que la desaparición de las abejas pudiera estar relacionada con los cultivos transgénicos. Recientemente, en Alemania, Manfred Hederer, presidente de la Asociación Alemana de Apicultores, reportó una disminución del 25% de la población de los insectos en ese país. Alexei Barrionuevo en The New York Times, el 24 de abril de 2007 reportó que "Más de un cuarto de las 2.4 millones de colonias de abejas en Estados Unidos se perdieron, es decir, decenas de miles de millones de abejas. Según cálculos de Apiary Inspectors of America, una de las organizaciones con mayor autoridad en el tema”.

“Ellas son tus desdenes y tus rigores;
son tus pérfidas frases y tus desvíos;
son tus besos vibrantes y abrasadores
en pétalos tornados, negros y fríos.”

Cuando le pregunto acerca de la inversión del estado en el sector me responde -Nunca en la historia reciente se había destinado tanto dinero para apoyar la apicultura como en el anterior gobierno--. El asunto fue que dieron los recursos a desmovilizados pretendiéndolos volver apicultores. De ese ejercicio es muy poco lo que pueda quedar como proyecto productivo—La apicultura requiere de proyectos con una duración mínimo de dos años para aprender todas las faenas y cuidados que requieren las abejas con asesoría permanente. Además esos proyectos son muy cortos y no tienen en cuenta los alimentos de las abejas-. Añade que Colombia no puede competir con países productores de miel como Argentina que tiene estaciones claras de polinización en primavera y así se pueden preparar miles y miles de colmenas para una época de recolección de tres meses, eso permite tecnificación a gran escala y la reducción de costos de producción. Me comenta también que la investigación y apoyo científico en Argentina es gratuito y permanente para todos los apicultores sin discriminación. En Colombia ese servicio de investigación en laboratorio que apoya la productividad, lo deben pagar los apicultores a precios muy altos.

Alfonso piensa que instruir al agricultor colombiano de las bondades en términos de ingresos económicos que ellos puede generar por una mayor productividad. Por hectárea sembrada trabajando con las abejas y los apicultores, sería de gran apoyo al sector.

--- Yo creo de acuerdo a mi primera experiencia de contacto con colmenas que el apiturismo es una posibilidad maravillosa para tomar conciencia de esta hermosa industria sin chimeneas; turismo con naturaleza y adrenalina--.

El contexto ecológico incide también en la muerte de las abejas. Por poner un ejemplo, comenta Alfonso, - el calentamiento global debe incidir en la vista de las abejas ya que ellas ven en un espectro más amplio (infrarrojo), me explica: Se les corren las luces y se pierden para siempre -. También comenta que los campos electromagnéticos de tantas antenas de celulares y satélites deben tener una incidencia muy grande en su sistema de orientación. Por otro lado Colombia es país líder en autorización para la utilización de transgénicos. Las abejas no procesan las alteraciones de las flores que provienen de semillas con transformaciones genéticas---Las Flores Negras—

“Ellas son el recuerdo de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,
mientras yo suspiraba por las auroras
de tus ojos... auroras que no eran mías.”
“Guarda, pues, este triste, débil manojo
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;
Guárdalo; nada temas: es un despojo
del jardín de mis hondas melancolías.”

Julio Flores
La tarde cae, la jornada de trabajo fue muy productiva y para mi agotadora. El trancón de vehículos que ingresan a Bogotá desde la Calera da tiempo para pensar en silencio que las flores negras son sinónimo de engaño, tristeza e incertidumbre tal como expresó el poeta colombiano Julio Flórez. Las abejas descubren con su vida que las flores negras y sus frutos amenazan a la humanidad entera. Los alimentos que estamos ingiriendo son manipulados transgénicamente por el sistema de libre mercado que exige ganancias y utilidades a toda costa, por encima de la naturaleza. Las abejas en su minúscula o infinita sabiduría natural están dando campanadas de alerta de esta catástrofe a la que estamos expuestos. Amigos de la apicultura hacen eco de estos llamados de alerta y expresan con sus escritos, luchas silenciosas desde la piquería tal como lo hace Alfonso, mi hermano, el apicultor de Cundinamarca.

Candil de nieve
Octubre de 2011